INFORME SOBRE LOS PERJUICIOS DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN TENDIDO DE ALTA TENSIÓN ENTRE EL CASTRO LUPARIO Y LA ALDEA DE ANGUEIRA DE CASTRO, Y PROPUESTA PARA LA DECLARACIÓN DE ESTE ENTORNO COMO BIEN DE INTERÉS CULTURAL.

A unos diez kilómetros de Santiago de Compostela, se encuentra el Castro Lupario. Es uno de los castros catalogados por la Xunta de Galicia con objeto de velar por su buena conservación y protección, no solo dentro del recinto amurallado que define dicho conjunto arqueológico sino, también, en una amplia área que lo proteja del impacto visual que puedan producir distintos tipos de intervenciones. 


El pasado mes de noviembre, veinte años después de que se anunciase una incoación de expediente para la declaración del Castro Lupario como Bien de Interés Cultural -nunca finalizada-, los vecinos del entorno fuimos informados por primera vez de que están culminándose los trámites para la construcción sobre nuestra área, localizada en la ladera que une Angueira y el castro, de una línea aérea de alta tensión. A la vista de la documentación existente, esta instalación afectará gravemente a este fundamental tesoro de nuestra identidad cultural. El tendido implica una evidente ruptura entre los diferentes ámbitos de este importante conjunto de nuestro patrimonio (natural y construido). 


Al margen de la falta de estudios necesarios para un total conocimiento del yacimiento arqueológico que, a través de los siglos, supuso la unión del Castro Lupario y la aldea por la que se accedía a él, estudios cuya inexistencia debería bastar para rechazar el proyecto del tendido, el emplazamiento elegido para el trazado del tendido no toma en cuenta lo ya conocido y evidente: la presencia de una importante área de petroglifos (en su mayoría aún no catalogados) y los elementos configuradores de la estructura territorial tradicional; red de caminos, muros de cierre, setos, tapias… Además la línea eléctrica requeriría, para proveerla de un perímetro de seguridad, del talado parcial del bosque existente, sobrepuesto incluso, en algún punto, a la necesaria banda de un mínimo de 200 metro, de protección del castro, lo que derivaría en una ruptura paisajística que supondría un deterioro irreversible para su medio, como un inadecuado corte entre Angueira y el castro (no olvidemos que, toponímicamente, el nombre de la aldea continúa siendo Angueira de Castro) afectando directamente al ámbito de protección del acceso de la aldea al núcleo fortificado.

En su último tramo, el tendido proyectado daría lugar a un espacio deforestado que menoscabaría el nuevo trazado recuperado para el Camino de Santiago en un emplazamiento en que aún se conserva parte del empedrado utilizado durante muchos siglos para comunicar Compostela con Padrón. Esto también haría desvanecerse un islote junto al río local, situado junto al puente de acceso a la aldea y que es lugar de reunión y ocio de vecinos y de un gran número de peregrinos.


El deterioro de las actuales peculiaridades paisajísticas del lugar implicaría, además de una gravísima agresión a uno de los diez castros más importantes de Galicia, un definitivo daño para un lugar hasta hoy óptimamente preservado.


Todo lo expuesto no deja dudas del incumplimiento de una Ley del Patrimonio Cultural de Galicia que en su artículo 45 establece el régimen de intervenciones en el entorno de protección de cualquier castro catalogado. Las actuaciones que se realicen en su área de protección habrán de contar con la autorización de la consejería competente en materia de patrimonio cultural cuando tuvieran por objeto:

  • nuevas construcciones e instalaciones de carácter definitivo o provisional, como es el tendido de una red de alta tensión.
  • las actuaciones que afecten a la estructura parcelaria, los elementos configuradores característicos de la estructura territorial tradicional, los espacios libres y la topografía característica del ámbito, como es la zona de protección de la red planificada.
  • la implantación o los cambios de uso que pudieran tener incidencia sobre la apreciación de los bienes del territorio, incluidas las repoblaciones o deforestaciones arbóreas.



EL CASTRO Y SU ENTORNO

El Castro Lupario, según la leyenda, fue residencia de la reina Lupa. Se sitúa en el punto en que se encuentran los municipios de Rois y Brión, y es un hábitat prehistórico fortificado del que aún se mantienen buena parte de las bases de las dos murallas que lo delimitaban.

Su recinto está a unos 140 metros de altitud, sobre un otero que domina los valles del Sar y A Mahía y su única entrada, en un muro que conserva un relativo buen estado, se encuentra al fin del camino, empedrado y acompañado de un buen número de petroglifos, que comienza en la aldea de Angueira de Castro. 


En su interior podemos observar una amplia plataforma de 1,4 ha cruzada por murallas, que posiblemente perteneciesen a una fortaleza medieval construida para controlar el paso hacia Santiago, denominada “eira dos mouros”.


Pese que el castro es hoy difícilmente transitable, ya que se encuentra inundado por la vegetación que lo cubre, en él se pueden distinguir aún diferentes estructuras constructivas que, en su momento, formaron parte de distintas defensas del recinto tras más de 2000 años de vida.

En las pequeñas excavaciones arqueológicas realizadas quedó claro que queda mucho por descubrir. Los profesores Fernando Acuña Castroviejo y Milagros Cavada realizaron la última investigación, en la que se hallaron distintos grabados, esculturas (entre las que destaca una cabeza humana de piedra), cerámicas, monedas… Las excavaciones nunca han llegado a finalizarse y no cabe duda de que esta ers una tarea pendiente de máxima importancia.

EL CAMINO DE SANTIAGO
El Lupario es uno de los puntos clave de una de las principales vías de aproximación al sepulcro del Apóstol. El Camino que acerca a los peregrinos de Padrón a Santiago a través de A Escravitude, A Picaraña, O Faramello, Francos…
Cuando en un tiempo aún reciente se realizó una deficiente definición de su trazado, el tramo entre A Picaraña y O Faramello se encauzó por una peligrosísima cuneta de la carretera nacional 550. Entonces, los vecinos de Angueira, ya apoyados por la Asociación de Amigos del Camino, se dirigieron a la Xunta de Galicia planteándole la posibilidad de utilizar un trazado paralelo, una senda histórica que discurre bajo un magnífico bosque y en la que podemos observar la presencia de un secular pavimento de piedra. El resultado no fue el esperado, pero, tres años después, los responsables del Camino Portugués decidieron asumir como propia aquella propuesta y la solución sugerida pasó a convertirse en uno
de los intervalos más valorados por sus usuarios.
Aquella decisión no consistió más que en recuperar un trazado histórico de la ruta, recorrido, cada día, por cientos de caminantes.

ARQUITECTURA POPULAR

Como en un buen número de castros gallegos, alrededor del Lupario encontramos muestras de otro fundamental capítulo del patrimonio cultural gallego surgido a través de nuestra historia, el de su arquitectura anónima. Una arquitectura creada por generaciones y generaciones de canteros sin más conocimientos que los transmitidos, a lo largo del tiempo, de padres a hijos.

Angueira de Castro

Ligado al castro y dentro de esta arquitectura podemos encontrar, como ya quedó indicado, un conjunto arquitectónico de incontestable importancia: el caseríode Angueira de Castro. Esta aldea constituye uno de los más destacados ejemplos de la arquitectura popular gallega por mucho que, hasta hoy, no haya sido merecedor de su consideración por parte de la administración gallega. Compone un espacio singular, enclavado en el Camino Portugués, íntimamente ligado a la leyenda del Apóstol y la mítica reina Lupa. 


Adaptándose a las condiciones del lugar sobre el que se emplaza, Angueira conserva buena parte de las edificaciones de la “arquitectura sin arquitectos” allí levantadadando lugar a una aldea cerrada con una torre, en el pasado conocida como a casa do indiano, junto a sorprendentes viviendas de cantería y magníficos hórreos.

O Faramello y su pazo

Saliendo de Angueira por el puente del río Tinto encontramos, situado sobre el cañón del torrente, un camino real, el Camino Portugués, aún hoy bien conservado, que nos lleva al lugar del Faramello, que cuenta con un pazo del mismo nombre de reseñable valor arquitectónico y del que Camilo José Cela dijo que era “el secreto mejor guardado del Camino”. En su día larga existencia, ha sido un recinto pionero en el ámbito industrial gallego, un arsenal para luchar en la guerra de la independencia contra los franceses y también residencia estival de S.M. el rey Alfonso XIII.


Allí estuvo la primera fábrica de papel de Galicia que, desde 1710 y durante 30 años, fue la única que tenía permiso para expedir papeles de la corona de Felipe V. El pazo fue construido por su promotor, el genovés Marqués de Piombino, padre del escultor barroco creador de parte de las más destacadas imágenes religiosas gallegas de aquel período, y presenta innovadoras soluciones arquitectónicas para su época, un barroco compostelano con influencias italianas.


El pazo del Faramello es una construcción civil pacega -ligada a una instalación industrial- ajena a la condición rural generalizada Galicia, pero se integra de forma espectacular en el entorno natural. En sus floridos jardines, junto a una capilla abovedada de estilo barroco y dos atractivos cruceiros, podemos admirar uno de los acebos más antiguo del país, símbolo que se incluye en el escudo del ayuntamiento de Rois.


En el siglo XVIII el pazo daba trabajo a más de 50 familias de la zona, sobre todo del propio Faramello, de Angueira y de Rúa de Francos, una aldea de relevante contenido histórico por su relación con la vieja calzada romana del Camino de Santiago.

La Rúa de Francos. Su campo de la feira, su crucero y su puente

Siguiendo el Camino desde O Faramello, nos encontramos con una estructura lineal de edificaciones y hórreos de cantería que finaliza en una bellísima carballeira. Sus frondosos y centenarios robles, vinculados a la tradición mitológica gallega, han convertido su localización en un inolvidable espacio de reunión, romería, fiesta y celebración. Un espacio cuasi-sagrado, umbrío y mágico en el que, cada año, continúa celebrándose la más importante feria caballar del noroeste ibérico, el San Martiño, reuniendo a miles de personas. Allí, sobre la antigua ruta de peregrinación, se conserva uno de los más interesantes y antiguos cruceiros gallegos datado en el siglo XIV. Es un cruceiro compuesto de una cruz gótica con el relieve de un Cristo crucificado levantado y apoyado sobre una piedra con imágenes de peregrinos en sus laterales.

Si desde la carballeira de Francos pretendemos dirigirnos al castro siguiendo el camino de la Mahía hemos de cruzar el rio Tinto, afluente del Ulla, en el que aún podemos encontrar restos de numerosos molinos, a través del conocido como puente de Paradela o puente de Francos.


Pese a las mil versiones existentes sobre el momento de su construcción y pese a su aspecto de puente medieval (popularmente se lo identifica con un puente romano) lo más razonable es que este humilde y primitivo viaducto -con un vano de 4.6 metros de luz- haya sido construido entre los siglos XVI y XVII. Ese fue un momento de importante evolución de la zona, con la participación de los mismos canteros que trabajaron en la fábrica del Faramello sin técnicas más depuradas que la utilización de elementales sillares sustentados por una elemental clave. 


Lo cierto es que, fuera el que fuese el momento de su levantamiento y pese a sus pequeñas dimensiones, constituye un mágico ejemplo característico del paisaje de un territorio íntimamente humanizado.

EL CASTRO Y SU MEDIO COMO UNIDAD PATRIMONIAL 

Visto lo visto, desde una perspectiva de ordenación integral del territorio resulta imprescindible plantear la necesidad de declarar todo este conjunto como Bien de Interés Natural, Cultural e Inmaterial. Debemos defender nuestra herencia histórica dando cabida a las distintas actividades en ellos desarrolladas y aprovecharla como motor de desarrollo frente a la incomprensible descoordinación actualmente existente y al confuso planteamiento de la política de infraestructuras territoriales a veces imperante. Máxime, cuando nuestro paisaje continúa su creciente deterioro a velocidad de vértigo. Hasta hace medio siglo, la arquitectura popular gallega -entendida como toda intervención realizada por el hombre sobre el territorio con objeto de mejorar sus condiciones de vida: desde caminos, puentes, valados… hasta la propia vivienda- fue un magnífico ejemplo de adaptación cultural al medio.

Los bienes del patrimonio cultural de Galicia, con objeto de su protección, deben ser declarados de interés cultural y catalogados”, dice nuestra Ley del Patrimonio Cultural.

Si en el año 2009, tal como anunció la Xunta, se hubiera incoado expediente de declaración de Bien de Interés Cultural para el Castro Lupario hoy no nos encontraríamos con el delicado problema que tratamos de resolver.


¿ES POSIBLE LA ELABORACIÓN DE UN PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN DE UN ÁREA COMO LA ADYACENTE AL CASTRO LUPARIO?

Tienen la consideración de bienes de interés cultural (BIC)”, afirma la ley, “los bienes y manifestaciones materiales con un carácter arquitectónico, industrial o arqueológico (arqueológicos, históricos, vías culturales, arquitectónicos –cultos o populares- paleontológicos…) así como los bienes y manifestaciones inmateriales (tradiciones, leyendas…) con un carácter singular en el ámbito de la Comunidad Gallega”.

En el área definida por este documento pretendemos plantear la protección de un paisaje cultural, el entorno del Castro Lupario, como lugar identificable por un conjunto de cualidades culturales materiales (el castro, la arquitectura popular, el pazo, el Camino de Santiago, el puente de Francos…), inmateriales (las leyendas sobre el camino o la residencia de la reina Lupa…) y naturales que son el resultado del proceso de interacción e interpretación que la comunidad hace del medio natural e histórico constituyendo el soporte de su identidad.

 Si tratamos la totalidad de los elementos que lo conforman como una entidad única por medio de una ajustada propuesta de protección, el resultado será un logro inédito que permitirá a sus habitantes y visitantes una sugestiva aproximación a nuestro país, su paisaje y su cultura.